Eran las nueve de la mañana, ya había amanecido.
Una suave brisa que se colaba por la ventana y le recordó que estaba viva.
Abrió los ojos con incertidumbre.
Aún acostada, dirigió la mirada hacia el punto mas alto de la estancia intentando no ver muros.
Vio un cielo lleno de estrellas con nombre propio (aún a pesar de haber amanecido)
Una de esas estrellas destacaba del resto.
Recordar su nombre la hizo sonreir.
Absorta en sus pensamientos, notó que algo temblaba bajo su almohada.
La estrella se había hecho mensaje.
El mensaje le pidió esperar.
Esperar.
No podía esperar.
Volvió la mirada a aquella estrella y entonces pensó una frase que en algún momento había oído:
"las cosas bellas nacen cuando no hay prisa"
Pensó que esta cosa bella ya había nacido.
Y corrió, en busca de ella.
Pero hubo prisa, y lo realmente bello no había nacido...
Verano 2005 (menuda criaja)