Yo soy la culpable de que su hijo desaparezca dos días a la semana.
Espero también ser la culpable de la sonrisa que luce como complemento de moda.
Le ruego, que si en algún momento detecta que esa sonrisa mengua, me lo haga saber.
Con frecuencia,la felicidad nos abandona con disimulo dejando tras de sí la resaca producida por una borrachera de amor que nubla el juicio de los enamorados, haciéndolos incapaces de detectar el vacío.
Por eso, me atrevo a suplicarle, por el bien de su hijo, pero también por el mío propio, que nos haga saber que la situación ha cambiado, con el único fin de separar nuestros caminos y volvernos a hacer disfrutar de la fiesta de la vida.
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