- Perdona. El anillo ese , la alianza esa... ¿estás comprometida o algo?
- Este? Que va chiquillo! Este es mi anillo de castidad
- Como?
- Mi anillo de castidad, digo.
- Osea, que eres virgen, no? Te importa que te haga una foto con el movil?
- Hombre chiquillo, hasta el casamiento no se debe dar la remolacha. Es una promesa que yo le hice a mi patrona: que no iba a probar macho hasta después de la boda.
- Pero, es una penitencia? o...
- No, es como yo creo que tienen que ser las cosas. Esperar hasta el momento que yo crea que estoy con el hombre de mi vida. Y que sea un momento especial. Ya sabes, con sus velitas, musiquita romantica...
- Yo es que pienso que sobrevalorar tanto el sexo una vez lo
hagas, ya sea antes o después del matrimonio, te vas a dar cuenta de que todo lo que has esperado realmente no tiene
sentido.
- Pues si, pero yo creo que será mejor que...
- Espera, mira. El sexo es sucio. Osea, ahí no hay camisones
estratégicamente descolocados ni cortinas ondeando al viento. Tu marido te va a
romper todo el himen y se va a correr en tu barriga. Y seguramente debido a tu
inexperiencia, habrá un fallo de ritmo, será un poco torpe y a lo mejor se le
sale la polla y al intentar metértela rápido a lo mejor te desvirga por dos sitios la misma noche.
Esto no va a ser como la escena erótica de una comedia romántica, va a ser un
poco la toma falsa de una película porno.
- Has dicho muchísimas borderías en un momento. La verdad es que vaya boquita que tienes quillo.
- Un higo no?
- Pues sí. Con una tía alrededor, pero eso.
- Has dicho muchísimas borderías en un momento. La verdad es que vaya boquita que tienes quillo.
[...]
- Mira. Eres muy guapa y muy graciosa. Pero yo básicamente estoy buscando otra cosa.
- Un higo no?
- Pues sí. Con una tía alrededor, pero eso.
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