Imperfección

No. Otra vez parece que hemos vuelto atrás. Porqué esa obsesión por los cuerpos “perfectos”. Porqué jugarse la salud por un cuerpo “ideal”.  Tengo la mala costumbre de no follarme a gilipollas. Y normalmente, los cuerpos de gimnasio, hinchados a proteínas artificiales, o esas tetas perfectas que sin sujetador y con un escotazo no se mueven un ápice, pertenecen a esa clase de gente que yo llamo “gilipollas”.

Creo que todos tenemos un bien muy preciado llamado vida. Y gracias al que podemos follar y disfrutar de todos los placeres que a ella se rinden. Somos imperfectos, y ahí está la gracia. En la diversidad. En quitarte un pelo de la boca después de tener sexo oral, y pegarle un mordisco a esa tímida lorza que asoma con una mala postura, o hacer bailar la celulitis con un azote. En disfrutar sin condiciones aceptando nuestra vida tal y como se presenta.

Por supuesto cada uno es libre de acuar como le plazca. Defiendo las libertades. Sería irónico que criticase dicha conducta. No la comparto. No me atrae. No me estimula y no me aporta nada gratificante. Pero dichosos los que se deleitan compartiendo los placeres de la estandarización humana.

Una tableta de chocolate viene normalmente acompañada de falta de autoestima. Y unas tetas de silicona son la máscara de la inseguridad. Y ya estoy cansada de intentar “curar” esas inseguridades. Lo he intentado pero no tengo paciencia para ser profe. No pierdo el tiempo. Sé que esas personas no me interesan. Quizá no hoy ni mañana, pero algún día intentarán quitarme mi cerveza de después de trabajar o intentarán llevarme con ellos de footing a las seis de la mañana. Y a mí me gusta mi celulitis, mis tetas caídas y mi cerveza de final de jornada.


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