Fue hace ya unos cuantos años
cuando mi profesora de historia roja y lesbiana nos hablaba en el instituto de
la república en España como un hito indispensable en la vida tal y como la
conocemos. Por aquel entonces yo era una chiquilla con un odio profundo a la
historia, a la química y a la biología, y como todo en la vida, estas cosas
cambian radicalmente en la adolescencia.
Esa profesora nos hablaba de lo
excitante que le resultaban ciertos personajes políticos llegando a rozar el
erotismo en sus discursos.
Nos reíamos ignorantemente de
aquel personaje de pelo alborotado que se excitaba con discursos políticos. Por
aquel entonces no entendíamos otra forma de calmar la excitación que no fuese
la masturbación e imaginábamos a la susodicha profesora haciéndose dedos
delante del documental en blanco y negro que tanto adoraba. Posiblemente
hiciese tan solo un comentario inofensivo acerca de la importancia que tenían
los discursos por aquel entonces, caracterizándolos, quizás torpemente, de
excitantes ante una manada de adolescentes pervertidos, pero lo cierto es que
eso derivó en largas bromas al respecto de la vida sexual de la profe. Posiblemente
esta anécdota esté narrada con más rigor en alguno de los diarios que solía
escribir, pero es absurdo recordar esos hechos con rigor cuando lo importante
es simplemente tu recuerdo actual de los mismos.
Han tenido que pasar años para
que yo recordase ese momento de mi adolescencia. Y ha tenido que ser un político
en pleno discurso el sujeto en recordármela con una grave excitación sexual. Al
final acabará siendo cierto eso de que tenemos en el cerebro una zona erógena
importante.

Comentarios
Publicar un comentario