¿Cómo le explicas a una
persona que no ha probado el sexo, cómo te hace sentir?
“Es que… ¿Qué pasa si lo
hacemos y después ya no es tan bonito?”
“No es una cuestión
religiosa, es que no tengo curiosidad por saber qué se siente.”
“Lo quiero mucho… pero
tengo miedo de colarme demasiado por él si lo hacemos.”
“¿Y si no es la persona
adecuada? ¿Cómo lo sabré?”
El sexo es el idioma del amor.
De noche, con la luz
apagada, y la única iluminación de la habitación es la que entra por la ventana.
Luz amarilla de farolas que han tenido ya una larga vida y tiritan de vez en
cuando. El cielo está nublado y no hay luna.
La ventana medio abierta
es el perfecto medio de evacuación del humo de ese porro que nos ha durado tan
poco.
Es tarde. Te sientas en
mi cama, a mi lado. Nos miramos y nos reímos. Todos conocemos el significado de
la frase: “¿Me das alojamiento esta noche?”
Cierro los ojos y me
acerco a ti. Puedo sentir el calor de tu sangre en busca de los últimos
resquicios de H2O que pueden quedar en tu cuerpo después pasarnos la noche
bebiendo.
Mis labios se acercan a tu oreja y te acarician justo en ese punto
donde la oreja pasa a ser cuello.
Nuestras manos buscan más
piel que acariciar, desnudándonos y buscando contacto y más contacto. Nada de
aire, es prescindible. Solo piel contra piel. Nuestros labios se encuentran
entre mordiscos y no hayamos el fin de nuestros cuerpos. Infinitud en estado
máximo.
No nos conocemos. No creo
que nos volvamos a ver. No recordaría tu nombre si no fuese porque grabaste tu
número en mi agenda. Y aún así desenterramos la luna de entre las nubes y la
hicimos brillar como nunca. ¿Y acaso eso no es amor?

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